1.- ¿DE
QUIEN ES LA CULPA, DE DIOS
O DE LOS HOMBRES?
En un país lejano vivían cien familias. Cincuenta
vivían en el Norte, eran ricas y tenían
toda clase de bienes. Las otras cincuenta vivían en el Sur, y
carecían de lo necesario para vivir. Un día la televisión del
Norte emitió un reportaje
sobre lo mal que vivían en el en
el Sur, y en reportaje aparecían unos
padres y unos hijos famélicos que daba lástima verlos. Al ver el
reportaje un padre comentó con su hijo: ¿Cómo puede Dios consentir
estas cosas? Si existiera
un Dios bueno, justo y poderoso no existirían estas cosas, pero puesto
que existen es que Dios no existe. Y padre e hijo siguieron viviendo
su buena vida.
Otro padre al ver el reportaje comentó con su hijo:
No hay derecho a esto. ¿Pero tu y yo qué podemos hacer ante tanta hambre?
Aunque diéramos todo lo que tenemos no podríamos sacar a toda
esta gente de tanta miseria. Y siguieron viviendo su buena vida.
Finalmente otro padre al ver el reportaje dijo a su
hijo: Anda, ve al Sur, infórmate
de quien es esa familia que pasa tanta hambre y ayudémosla en lo
que podamos. El hijo fue al Sur buscó a la familia y compartieron con
ella sus bienes, y desde aquel día en Sur ya solo hubo 49 familias
pobres.
Si cada
vecino del Norte hubiera ayudado a un solo vecino del Sur hubiera
desaparecido la pobreza en aquel país sin intervención de Dios.
2.-
LA
HERENCIA DEL PADRE
Un padre tenia tres hijos. Uno le dijo: Padre,
quiero separarme de ti y
salir de casa para conocer el mundo.
El padre le dijo: Hijo, yo conozco el mundo y se que si te separas de mi
vas a pasar hambre y a sufrir mucho. Bueno, dijo el hijo: eso es lo que
tu crees, pero yo no estoy de acuerdo.
Ante la insistencia del hijo,
el Padre , respetando su libertad y con gran dolor de su corazón le dio
provisiones y algunos consejos para
el viaje y lo dejó partir.
Tras la marcha de este hijo,
el segundo hizo lo mismo, y el padre se comportó con éste como
con el primero.
Finalmente quedaba el otro hijo, pero este decidió
quedarse con el padre y vivir bien junto a él porque tenia todo lo que
quería.
Pasado algún tiempo
el hijo que se marchó primero volvió arrepentido y pidió quedarse con
él con el padre prometiendo a cambio trabajar para pagar lo gastado y
aumentar la hacienda común.
Y así lo hizo.
Cuando el padre sintió cercana
su muerte llamó a los tres hijos y les dijo: Voy a repartir mis
bienes entre vosotros, y quiero hacerlo proporcionalmente a vuestro
esfuerzo por aumentar la herencia común. Y dirigiéndose al que había
abandonado la casa y no había vuelto le
preguntó: ¿Tu en cuanto crees que la has incrementado? Padre, respondió
el hijo, tu sabes que yo he
estado todo el tiempo fuera de casa. Bien dijo el padre. Puesto que tu
te alejaste voluntariamente
de mi, yo me alejo ahora de ti. Dispongo que nada de mi herencia vaya
para ti. Llamó después al que se había quedado todo el tiempo con él
y le habló así: Tu has permanecido todo el tiempo conmigo, pero siempre
has vivido pensando solo en ti y pocas veces te has preocupado por
aumentar la herencia, a pesar de las muchas oportunidades que has
tenido. No puedo negar que
algo has hecho, así es que
coge una pequeña parte de
mis bienes y disfruta de ellos.
Por último llamó al hijo que se marchó primero,
pero que volvió arrepentido y le dijo: Tú, que eres el que mas has
trabajado por aumentar la herencia disfruta ahora
de la mayor parte de ella, porque a ti te corresponde más que a
nadie.
En la Iglesia hay una herencia común que se disfruta
en el reino de los cielos, pero a lo mejor también Dios la reparte como
el padre esta parábola.
3.-
¿SE PUEDE CREER EN LOS CURAS?
Había una vez un rico que tenía un mayordomo
y varios criados que labraban sus campos. Una noche llamó al mayordomo
y le dijo: Toma papel y pluma y escribe: “El señor sale de viaje en
busca de buenas semillas para sembrar sus tierras. Preparad los campos
para que pueda sembrarlos cuando vuelva”.
Escrito esto por el mayordomo, lo firmó el señor
y le dijo que lo comunicara a todos los criados, y partió en
busca de buenas semillas.
Al día siguiente el mayordomo llamó a los criados y
le comunico la orden del amo, pero algunos no lo creyeron. Eso es una argucia tuya –decían-
para hacernos trabajar mientras el amo está fuera. Si el amo
quiere que trabajemos ¿por qué no nos lo dice directamente a
nosotros?, replicaban. El mayordomo les enseñaba una y otra vez el escrito con la firma del amo,
pero los criados
seguían sin darle crédito. Eso está escrito por ti, replicaban, no
está escrito por el amo. Tu habrás falsificado su firma para hacernos
trabajar. Finalmente los criados deliberaron entre sí y unos decidieron
dar crédito al escrito del mayordomo y prepararon
sus campos, mientras que otros siguieron sin darle crédito y no
hicieron nada.
Pasado
el tiempo regresó el señor con las semillas, y al ver que había
campos sin labrar llamó al mayordomo. Este le dijo: Señor yo transmití
tus órdenes a los criado, pero muchos no me creyeron. ¿Y tampoco
respetaron mi firma? Preguntó enojado el señor? Tampoco Señor, dijo
el mayordomo. Negaron que fuese tu firma y dijeron que era una
falsificación mía para
engañarlos.
Entonces el Señor llamó a los criados y les pidió
explicaciones a los que no habían preparado
el campo. Estos se disculparon ante el Señor diciendo:
Señor, nada nos dijiste a nosotros,
y conociendo que tu administrador a veces comete errores y hasta
engaños no lo hemos creído, y por eso no hemos preparado los campos,
pero ahora iremos
y los prepararemos. Al oírlos el señor se enfadó y les dijo:
Sois unos siervos malvados. Sabéis que a pesar de sus debilidades yo
confío en el mayordomo, y si yo confío en él ¿por que vosotros
lo juzgáis indigno de vuestra confianza? No os condeno por no
haber preparado el campo, os condeno por vuestra falta de fe respecto a
mis mandatos, y por el desprecio que hacéis a las señales (se refería
a la firma) que os doy de que esas ordenes provienen de mi.
Quedáis despedidos. Y a los que habían
creído y habían preparado el campo les dijo: Vosotros id a
cobrar vuestra recompensa.
4.-
SOMOS JARDINEROS DE NUESTROS SENTIMIENTOS
Érase
una mujer casada que tenía dos hijos. Uno muy guapo y muy listo, El otro
era normal y corriente. El hijo listo
era el predilecto de la madre, y ya lo veía en la cúspide de la fama.
Pero un día cuando parecía que a este hijo se le iban a abrir todas la
puertas de la fama, se encontró con la muerte en un accidente de
trafico.
Desde ese día no hubo consuelo para aquella madre. Se pasaba los días junto a la
tumba de su hijo adorado, y clamando contra Dios por haber permitido
aquella muerte injusta ¿Qué mal le habían hecho ella o su hijo a Dios
para permitir aquella muerte?. Su obsesión la estaba volviendo loca.
Entonces, por consejo de los médicos,
el hijo que le había quedado la llevó a vivir con él
lejos de donde estaba enterrado su hermano, y
con el tiempo y la lejanía del lugar del suceso aquel mal
recuerdo dejó de obsesionarla. Pasado el tiempo, y cuando al hijo le
llegó el tiempo de la jubilación
volvieron a su ciudad natal,
y la madre volvió a las visitas frecuentes a la tumba del hijo
muerto, y con ellas volvieron las penas y obsesiones contra Dios.
¿Cual era
la razón de aquellos cambios en sus sentimientos? El riego que les daba
a esos sentimientos. Los sentimientos son como las plantas. Si las
riegas y las mimas crecen frondosas. Si les quitas el riego y te olvidas
de ellas se secan y terminan muriendo.
Nuestra mente es el jardinero de nuestros
sentimientos. Aquellos sentimientos que recreamos en nuestra mente, sean
buenos o malos, crecen frondosos. Aquellos que nuestra mente no riega se secan. Si riegas los sentimientos de amor a Dios,
o a tu pareja, tendrás amor; si no los riegas el amor se secará.
Moraleja: Riega los sentimientos positivos y tendrás
una vida tranquila y feliz, riega los negativos y tendrás tu propio
infierno en esta vida.
5.-
EL FILOSOFO Y EL DENTISTA
Había
una vez un filosofo progresista que discutía frecuentemente sobre la fe
con su amigo creyente, que era dentista. Sostenía el filosofo que creer
que existe lo que ciencia no puede demostrar que existe es propio de
ignorantes y de borregos. Según él solo debemos creer lo evidente y lo
que la ciencia pueda probar que es cierto. Para este filósofo las
creencias religiosas son lógicamente insostenibles y deben abandonarse
en estos tiempos del conocimiento.
Una mañana temprano este filosofo
se presentó en la clínica de su amigo dentista en busca de
remedio para su fuerte dolor de muelas.
El amigo dentista le pregunta: ¿qué te pasa?
Que no aguanto este dolor de muelas, responde el filósofo. El dentista
examina su boca y dice: Pues no veo nada anormal, todas las muelas
parece que están bien.
Sí, pero a mi me duele mucho ésta, insiste el
paciente señalando la causante del dolor. El dentista la mira y repite:
Pues yo la veo igual que las otras, aquí no se ve ningún dolor.
Haremos una placa a ver si la ciencia nos muestra algo.
Hecha la radiografía, el amigo dentista
sigue repitiendo lo mismo, y cada vez con mas sorna: Pues yo no
veo aquí ningún dolor.
¿Pero es que no me crees, grita
malhumorado el filósofo. Pues verás, contesta su amigo: tu me
has enseñado que solo debo creer lo evidente, y lo que la ciencia puede
probar que es cierto, y aquí tu dolor ni es evidente para mi, ni la
ciencia demuestra que ahí haya dolor.
A veces el que cree está mas cerca de la verdad que el que solo se guía
por su ciencia.
6
¿CREÓ
DIOS EL MAL?
Una vez un profesor de universidad estaba empeñado en convencer a sus
alumnos de que Dios no existía y preguntó a los de la clase:
¿Vosotros creéis que vuestro Dios ha creado todo lo que existe? Estos
contestaron afirmativamente: Sí, creemos que Dios es el creador de todo lo que existe.
Entonces el profesor muy ufano replicó: Pues estáis creyendo
en un Dios malvado, porque la maldad existe, y según vosotros es
vuestro Dios quien la ha creado.
Entonces un alumnos se levantó y pregunto al profesor: ¿Vd. cree que el
frío y la oscuridad existen? A la vista está, replicó el profesor:
Eso es evidente. Pues está equivocado,
replicó el alumno. El frío es ausencia de calor, y la oscuridad
ausencias de luz. Y de la misma manera la maldad tampoco existe, lo que
existe es ausencia bondad. Dios creó la bondad.
Frío, oscuridad, o maldad,
como tantos otros vocablos, solo
son palabras que hemos creado los hombres
para entendernos, pero no son realidades creadas por Dios.
El mal no es una creación de Dios. Es la
ausencia del bien que Dios creó. El
bien es Dios, que es amor, y el mal es la ausencia de la presencia de
ese bien.
7.-
ENTENDER A DIOS
Una vez había un señor ateo que tenía un
hijo pequeño. Un día este hijo se le escapó al padre y se fue a la
catequesis que impartía el cura del lugar, donde estaban sus amigos. Al
enterarse el padre corrió a buscarlo, porque no quería que recibiera
enseñanza religiosa alguna, y menos del cura que anunciaba un Dios cuya
existencia nadie ha podido demostrar y, además, siempre según él, es
un Dios injusto y tirano, y contrario a la razón humana. No me explico,
decía el ateo dirigiéndose
al cura, como hombres con estudios como Vd.
pueden defender la existencia de un Dios que ninguna persona
inteligente puede comprender.
Entonces el cura, viendo que el hijo se rebelaba
contra su padre y no quería salir de la catequesis pregunta al ateo: ¿Si
su hijo no quiere irse con Vd. ¿por que lo fuerzas a marcharse?
Mi hijo es pequeño y todavía no entiende a los
mayores, dijo el padre. Cuando sea mayor y tenga mas conocimiento se dará
por agradecido al comprender lo que estoy haciendo por él.
Tienes razón,
dijo el cura. ¿Pero
si eres capaz de entender que
tu hijo no pueda comprenderte porque
tiene menos conocimientos que tu, como
no puedes entender que tu no puedas
comprender a un Dios porque tiene unos conocimientos
infinitamente superiores a los de cualquier hombre?
8.-
LA
BARCA
Dos amigos
salieron a pescar. El uno se situó en la margen derecha del río y el
otro en la izquierda. Estaban entretenidos en
su quehacer cuando
vieron que una barca se
deslizaba entre los dos sin que se viera gente en ella.
Entonces el uno gritó al otro: Oye, ¿te has fijado que
en esa barca negra no
va nadie? ¡Qué raro, una barca negra y sin barquero que la dirija! Sí,
responde el otro, pero no es negra, es roja. Ambos discutían sobre el
color de la barca cuando
vieron que alguien se erguía dentro de ella
y la dirigía hacia
uno de ellos, invitándolo a subir. Después viró hacia donde estaba el
otro e hizo lo mismo. Una vez dentro los dos pescadores el barquero le preguntó como
veían ahora la barca. Desde dentro se ve de otra color contestaron éstos.
Así es, dijo el barquero. Desde fuera unos
la ven negra, triste y
fea y la rechazan por eso. Desde dentro se ve de otra forma.
La barca se llamaba Iglesia, y el barquero, a veces
visible y otras no tanto, se llamaba Cristo.
9.-
EL SABIO Y EL PASTOR
Un científico salió a dar un paseo al campo. En el camino se
encontró a un pastor que caminaba hacia su majada. Iban charlando
amigablemente cuando un coche paró ante a ellos y fueron secuestrados y
llevados a un habitáculo
aislado del mundo exterior, donde no entraba luz alguna. Una triste lámpara alumbraba día
y noche sin que pudiera
percibirse cuando era de día y cuando de noche.
Pasado
algún tiempo el pastor y el científico se enzarzaron en una discusión
sobre si fuera era de día o de noche. El pastor sostenía
que era de día, y el científico que no había forma de saber si
fuera era de día o de noche puesto que allí nunca
entraba luz alguna del exterior.
El
pastor razonaba así: La primera comida que nos suministraron fue el
desayuno; cada vez que nos suministran una comida yo hago una raya en la
pared con el pincho de mi cinturón. Tengo hechas noventa rayas mas una,
luego nos han traído la comida de treinta días y el desayuno
del día 31, luego fuera tiene que ser de día. Sí, replicaba el científico,
pero tu prueba no es
fiable, porque no puedes probar que hayas apuntado todas las comidas. Si
te has olvidado de apuntar
alguna, o has apuntado alguna de mas
tu cuenta falla.
En
esta discusión estaban cuando entró el carcelero con una nueva comida,
y el pastor preguntó a éste: ¿Fuera es de día o de
noche?. Es de día, dijo el carcelero sin más explicaciones, y se fue.
¿Ves?, dijo muy ufano el pastor; tengo razón al afirmar que fuera es
de día. Pero la discusión siguió, porque ahora el científico
decía que aunque el carcelero había dicho que era de día tampoco
había probado que lo fuera.
Estando en esta
discusión volvió a entrar el carcelero y le anunció que tenía
orden del director de liberar a los que acertaran si fuera era de día o de
noche. El pastor no dudó y dijo que apostaba porque
era de día, mientras el científico seguía repitiendo que él
no podía apostar por nada porque no había pruebas fundadas en un
sentido o en otro. Entonces el carcelero cumpliendo la orden del
director liberó al pastor y dejo encerrado al científico esperando a
que su ciencia descubriese la verdad sobre si más allá de aquellos
muros había luz u oscuridad.
10
LA JOYA ENTERRADA EN EL ESTERCOLERO
“Habíamos
descubierto a Cristo que nos atraía enormemente, pero la Iglesia nos
repugnaba. Así estábamos indecisos a abrazar el catolicismo hasta que
nos dimos cuenta de que si hubiéramos encontrado una perla en medio de
un estercolero, no hubiéramos dudado en meternos dentro a cogerla”
(Jacques Maritain, filósofo,
y Raisa su mujer)
En otro tiempo dos amigos comentaban
amigablemente en el café sobre
si se podía o no creer en
la Iglesia Católica. Juan, el ateo, decía a Pedro el creyente:
No me explico como puedes
creer en una Iglesia que ha quemado vivas a miles de personas
por no creer lo que ella quiere que crean, que ha tenido Papas
que han organizado ejércitos que han arrasado y saqueado pueblos
enteros, y mientras, ellos traficaban
con bulas e indulgencias engañando a sus propios fieles, y que
contra toda naturaleza prohíben
casarse a sus sacerdotes, y que en pleno siglo XXI siguen discriminando
a la mujer y no toleran la democracia en su organización. Además
manipula las Escrituras y os hacen cumplir unas leyes que ellos no
cumplen.
Pues veras, contestó Pedro: Yo tampoco creo en esa
Iglesia que tu describes, No creo en esa Iglesia mata moros y
herejes a mansalva y que no respeta las opiniones ajenas, y tortura a sus fieles. La
Iglesia en la que creo es la que tiene por bandera los mandamientos de
la Ley de Dios: No matarás, no robarás, amarás a Dios y al prójimo
como a ti mismo..., y en esa Iglesia que practicando lo que ellos
predican ha fundado multitud de hospitales para los pobres, ha
dado y
está dando de comer, no a
miles, sino a millones de personas que pasan hambre, les da cobijo
cuando no tienen techo o les ayuda a sufragar los gastos más
elementales para su subsistencia. Creo en esa Iglesia en la que no solo
hay unos pocos malos sacerdotes, sino otros miles de sacerdotes que
dedican su vida al servicio
de la humanidad. Creo en
esa Iglesia que produce personas como Madre Teresa de Calcuta, o
personas con vidas tan ejemplares como las de los santos. Cierto que en
esa Iglesia también militan junto a estos pillos, malvados e
indeseables, o simplemente incompetentes, y con comportamientos tan poco
tan ejemplares como los que tu acabas de presentar. Y digo yo, querido
Juan, que habiendo en la Iglesia tantos y tantos que han hecho tanto
bien, y tantas personas que siguen haciéndolo,
y cuyas vidas son dignas del mayor elogio ¿por qué había de
fijarme solo en esos pocos que tu describes
que han hecho tanto mal?
11
DEMOCRACIA... pero sin pasarse
En un
lugar de la tierra había un pueblecito cuyo nombre no hace al caso para
esta historia. Dicho pueblo estaba gobernado por un alcalde austero y
exigente. Entonces los del pueblo empezaron a protestar contra él. El
jefe de la oposición vio su oportunidad de hacerse con el poder y en
nombre de la democracia levantó al pueblo contra el alcalde,
prometiendo consultar todas las cosas con el pueblo soberano.
El alcalde austero y exigente fue obligado a dimitir
por el pueblo soberano, y en su lugar eligieron democráticamente al
progresista.
La primera actuación del nuevo alcalde fue preguntar
al pueblo si quería que rebajase los impuesto, y el pueblo,
democráticamente y por
mayoría absolutísima votó que sí, gritando a pleno pulmón: ¡Viva
la democracia! .
Pasado algún tiempo volvió a preguntarles si querían
que subiera los sueldos y los salarios de todos, y el pueblo, democráticamente
y por mayoría absolutísima,
dijo que sí, y volvió a gritar loco de contento ¡Viva la
democracia!
No habían pasado muchos meses cuando el alcalde
sometió a la voluntad del pueblo una nueva propuesta preguntándoles si
deseaban que aumentase el presupuestos para las fiestas del pueblo con
el fin de que todos se divirtieran gratis.
Y otra vez el pueblo
siguió votando que sí.
El pueblo estaba loco de contento con su nuevo
alcalde por su excelente política social. Ningún alcalde anterior
había conseguido aumentar tanto el bienestar social del pueblo
en tan poco tiempo. Y el alcalde, muy ufano, presumía de esto ante sus
vecinos.
En este plan vivían felices y contentos los vecinos
de aquel pueblo, hasta que llegó un fin de mes y el alcalde no tenía
dinero para pagar a sus funcionarios, y las facturas por los gastos
hechos empezaron a acumularse en sus cajones. Pero no hubo problema: El
buen alcalde fue al Banco, pidió un préstamo y todo solucionado, Y así
un mes tras otros, hasta que el Banco se negó a concederle más crédito.
Entonces el alcalde llamó al pueblo, le explicó la
mala situación económica y les propuso aumentar los impuestos y
rebajar los sueldos para solucionar el problema, pero el pueblo, democráticamente,
por mayoría absolutísima, y sin cantar viva la democracia, votó que
no aceptaba la propuesta del alcalde.
¿Y que pasó? Pues que como el alcalde no podía
pagar lo que debía el Ayuntamiento
llegó la justicia, y sin consultar al Alcalde ni al pueblo
soberano embargó los
bienes del ayuntamiento, y nombró una Comisión Gestora
que se encargase de poner orden en tanto desgobierno.
Viva la
democracia, sí, pero cuidado con tanto demócrata que confunde la
libertad y el orden con el libertinaje y el desgobierno.
12
EL HOMBRE QUE DECÍA QUE ERA DIOS
Hace unos dos mil años, en otro lugar, que no
en España, nació un hombre que dicen que era descendiente de un Rey
importante que se llamó David. A él lo llamaban Jesús, y hasta hoy no
esta acreditado que su verdadero padre fuera un tal José, esposo de su
madre. Es el caso que a este hombre le dio por decir que era hijo de
Dios, pecado gravísimo en
aquel país eminentemente religioso. Cometió además el grave error de hacerse amigo
de los pobres y de los pecadores, y de acusar de obrar mal a la jerarquía
religiosa del pueblo, que eran los que mandaban allí. Éstos, hartos de
que se metiese con ellos lo acusaron de blasfemo y de obrar contrario a
lo mandaba su Dios, pecado gravísimo en aquel país, no como en España
donde el pecado es ya cosa superada. Y así lo denunciaron al Jefe político del pueblo, un tal Poncio
Pilato. Lo primero que hizo Poncio fue preguntar a Jesús se él era
hijo de Dios, y Jesús, aún sabiendo lo que esperaba dijo que si. Bien,
dijo Poncio: Dame una señal de que es verdad lo que dices,
y Jesús, llamado también Cristo, contestó: Destruye este
templo (su cuerpo) y yo lo reconstruiré en tres días. Esta respuesta
no le gustó a Poncio, ni a aquellos sacerdotes, ni al pueblo y todos
dijeron: matémoslos a ver si es verdad lo que dice. Y lo mataron. Y
resultó que ser verdad lo que anunció: A los tres días, el cuerpo que
ellos habían destruido
resucitó. ¿Será que era verdad que era Hijo de Dios?
13
EL CRUCIFIJO Y LOS FETICHES
Una vez se juntaron un ateo y un creyente, el
ateo con sus fetiches colgados del cuello y el creyente con su
crucifijo.
El creyente pregunta al ateo: ¿Qué es eso que
llevas colgado al cuello? Y éste contesta: Son mis amuletos de la
suerte. Este es cuerno de la abundancia; lo llevo para que me de
prosperidad y este otro es
el chinito azul para que me de suerte en el trabajo. Mira, decía muy
ufano el ateo: A este chinito lo coges entre las manos, cierras los
ojos, le pides un deseo y le das tres besos y te concede lo que le pidas
si lo llevas siempre contigo.
¿Y de verdad tu crees que esos amuletos
te pueden conceder lo que le pidas?, preguntó el creyente.
Hombre, responde el ateo, igual que tu que crees que esa
cruz que llevas en
el cuello te va a salvar y
conceder lo que le
pidas.
Estás equivocado, responde el del crucifijo. Yo no
creo que el metal de esta cruz me libre de nada, ni me vaya a dar buena
suerte. La llevo en señal de que soy cristiano, como puedo llevar
la bandera española en las solapa de mi chaqueta si quiero
anunciar que soy español.
La cruz me recuerda que soy cristiano y que debo
comportarme como tal. Yo en quien creo es en el ser vivo que representa la cruz, en ese hombre-Dios
que vivió en la tierra y que
un día murió y resucitó. No creo que este metal que cuelga de
mi cuello pueda influir en mi vida para nada, creo en un Dios y en un
hombre que existen en realidad, pero ¿Podrías explicarme tu quien es el que actúa para que tu
cuerno de la abundancia te llene de bienes, o para que tu chinito te de
la buena suerte en el trabajo? Porque, digo yo, que será alguien con
inteligencia que sepa distinguir lo bueno de lo malo y que pueda
rechazar lo malo y atraerte lo bueno. ¿O crees que el material de esos
amuletos son capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo?
14
UNA VIÑA LLAMADA TIERRA
Un señor tenía una viña, a la cual la llamó
Tierra. Envió a varios operarios a trabajarla. A unos les dijo:
vosotros labrareis la viña y le quitareis las malas hierbas; a otros le
dijo: vosotros cuidaréis de que las plagas del campo no estropeen las
cepas; a otros le encargó espantar
la aves cuando estuviera maduro el fruto
para que no comiesen la cosecha; a otros encargó la vendimia y
hacer el vino, y a otros venderlo y
entregar todo el dinero al administrador, para que éste lo repartiese
equitativamente entre
los trabajadores de la viña.
El dueño advirtió a todos que volvería más tarde
para premiar a los que hubieran cumplido bien su misión y que castigaría a los negligentes.
El primer año todo funcionó a las mil maravillas:
Cada uno cumplió con sus obligaciones, hubo buena cosecha y todos
quedaron satisfechos con su paga. Y lo mismo el segundo, y el tercero,
pero más tarde se instaló la corrupción entre ellos.
Unos se dedicaron a cuidar la viña del vecino cobrándoles su
trabajo; otros se quedaban con parte del vino producido, y los
vendedores no entregaban al administrador todo el dinero obtenido con su
venta. El resultado fue que al final apenas había
dinero para repartir y protestaban
los unos contra los otros echándose la culpa de su escaso salario.
La convivencia en aquella viña se convirtió en un infierno
constante.
El dueño de la viña regresó como se lo había
anunciado y pidió cuentas a cada uno respecto a
su trabajo. Los que habían obrado mal pretendieron disculparse, pero el
dueño, que había gravado
todos sus actos le paso la película de su vida y, avergonzados, no
tuvieron mas remedio que confesar sus faltas. Terminado el examen despidió a todos los que habían
obrado mal, dejando solo a los que habían cumplido bien,
y la convivencia que
se había convertido en un infierno se transformó de nuevo en un paraíso
terrena.
15
DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO
Una vez iba Dios de incógnito por un camino y
de repente se cruza con un hombre.
Dios se para a ver si el hombre le pide algo, pero este ni repara
en él y pasa de largo. Mas
tarde pasa otro hombre, y Dios hace lo mismo, espera a
ver si el que pasa le pide algo. Este se acerca y le pide una
monedad. Dios, que es muy generoso,
le da dos, y el caminante sigue contento su camino.
Al poco rato se
encuentra con otro; este, al ver que no Dios no tiene prisa, se junta
con el y le cuenta sus muchos problemas. Dios se conmueve con
su historia y le da
consejos sobre lo que debe
que hacer para resolverlos, y el caminante, que
se siente aliviado, continua alegre su
camino. Finalmente otro hombre pasa junto a Dios, y al verlo se
queda mirándolo y dice: Tu
eres el Dios de los hombres, el que yo estoy buscando. Y Dios le dijo:
Me has reconocido porque estabas buscándome y yo siempre salgo
al encuentro de los que me buscan. Pide lo que quieras y se te concederá.
Quiero ser feliz eternamente, dijo el hombre del camino, y Dios le
respondió: Vente conmigo.
Y los dos desaparecieron.
Tu ¿de cuales eres, de los que no piden nada, de los
que piden bienes materiales o de los que piden la salvación eterna?
16
EL
TRIBUNAL DE DIOS
Había una vez un hombre pobre que solo pensaba
en hacerse rico a cualquier
precio. Y a base engaños y malas artes consiguió su propósito. Con la
riqueza le vino el poder, y habiendo conseguido las dos cosas,
las dos las usó para aumentar su poder y su riqueza sin reparar
si los medios para conseguirlo eran buenos o malos. En todo el reino era
conocido como el Rico Epulón, sobrenombre sacado de las Sagradas
Escrituras, porque a
imitación de aquel comía, bebía y disfrutaba de todos los placeres a
su alcance, sin acordarse para nada de los pobres que le servían.
En estas andaba cuando su médico le pronosticó un cáncer
incurable, y le anunció que su vida sería corta. Entonces se dijo: si
muero y hay un juicio como dicen los curas habrá que preparar una buena
defensa, y a ello dedicó todos sus esfuerzos, aunque po caminos
equivocados.
Cuando
le llego la muerte tal fue derechito al juicio divino,
tal y como predecían los curas, pero iba tranquilo porque
confiaba en su defensa.
El rico,
sin dudarlo, se puso a la fila para entrar en el cielo, y al verlo allí
San Pedro le dijo: ¿Pero tu, rico Epulón, estás
seguro de haber cumplido los mandatos del Señor?
Al pie de la letra, contestó éste sin inmutarse. Según los
Evangelios, Lucas, 10, 26, Cristo dijo que el primer
mandamiento es “amarás a
tu
Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y yo siempre he amado a mi
Dios sobre todas las cosas. ¿Y cual es tu Dios? Preguntó San Pedro sorprendido por
la respuesta. Mi Dios –respondió el rico- ha sido el poder y
las riquezas, y yo las he amado siempre con todas mis fuerzas. Y más te
digo, Pedro, continuo el
rico en plan de amigos: el segundo mandamiento, amar al prójimo, también
lo he cumplido. Mi prójimo son mis amigos, que son los más próximos, y siempre me he portado
con ellos como quisiera que ellos se portaran conmigo. A todos he
procurado enriquecerlos para que ellos hicieran lo
mismo conmigo.
De pronto
se oyeron voces que gritaban: "Está mintiendo, esta mintiendo.
Nosotros fuimos sus amigos y nos engañó
muchas veces. Y
otra voz potente atronó la estancia diciendo "Yo soy el Señor tu
Dios. No habrá para ti otros dioses delante de mi".
El
rico Epulón al oír todo aquello se llenó de miedo, mientras San
Pedro le susurraba al oído: "Este es tribunal de Dios, aquí no
hay engaño, sale la verdad de todo lo que se hace allí
abajo".
17
CULTIVAR LA PARCELA DE NUESTRA PROPIA VIDA
Había
una vez un labrador que siempre hacia bien
su oficio. Labrar sus tierras era lo único que sabía hacer, pero lo hacia a conciencia y
disfrutaba con ello. Cuando llegó a viejo y ya no podía labrar sus
tierras pensó que aún le
quedaba una parcela donde podía seguir trabajando: La parcela de su
propia vida. Imaginaba él que cada día
que amanecía era un nuevo surco que se abría en la parcela de
su vida e intentaba
sembrarlo de buenas obras. Y así, día a
día, iba sembrando de buenas obras el surco que cada noche añadía a
la parcela de su vida.
No era muy rezón, apenas si sabia de memoria otras
oraciones que el Padre nuestro, el avemaría, la salve, el credo
y poco mas, pero eso sí, todas las mañanas al iniciar el día
pedía a Dios que le enviara
al Espíritu Santo para
que le ayudara a conocer la voluntad del Padre y le diera fuerzas para
cumplirla, y al acostarse daba gracias a Dios por los beneficios
recibidos y le pedía
que bendijera la buena semilla que hubiera
sembrado aquel día y que hiciera secar la mala para que no
hiciese mal a nadie.
El labriego vivió feliz así la última etapa de su
vida, murió de viejo, y lo hizo tranquilo y
esperanzado poder presentar al Señor una cosecha
con pocos cardos y algún que otro fruto que fuera de
su agrado.
18
OBRAMOS COMO NIÑOS
Había una vez un sabio que estaba absorto en
su trabajo sin darse cuenta
de que se le estaba quemando la casa. Un niño que pasaba por allí
advirtió que el sabio no se daba cuenta del peligro que corría y
arriesgando la propia vida entró
en la casa y le avisó del fuego y del peligro que corría su propia
vida. Medio axfisiados
por el humo consiguieron salir los dos ilesos de aquel trance.
Entonces
el sabio, que era muy rico, quiso ofrecerle al niño un regalo que fuera
de su agrado, y le propuso elegir entre un gran pastel de chocolate o
una bonita casa en la playa para pasar
los veranos con su familia,
y el niño, sin
dudarlo, eligió el pastel de chocolate. Al enterarse el padre de esto montó en cólera
contra el hijo por su mala elección, y el sabio, que conocía bien la
vida del padre, le objetó
diciendo: ¿de que acusas a tu hijo, si haces tu lo mismo? ¿No dices
que eres cristiano? Entonces por qué cuando Dios te da a elegir entre
una vida eterna feliz si cumples sus mandamientos o seguir viviendo con
tu amante, tu eliges seguir con tu amante y renuncias al bienestar
eterno? ¿No estas tu haciendo lo mismo que tu hijo al renunciar a una
vida eterna feliz por un placer pasajero?
19
VELA DE MUCHOS ALTARES
Érase
una vela que alumbraba
noche y día a Santa Rita, y daba una luz
tan brillante que atraía
la atención de todos los que visitaban el templo. Pero un día empezó
a pensar y se dijo: No es justo que yo esté todo el día alumbrando a
esta santa y que los demás santo no tengan vela que los alumbre,
y pidió permiso a Santa Rita
para compartir su luz con los otros santos.
Junto a
Santa Rita estaba San Antonio, el abogado de las cosas perdidas,
y fue al primero que alumbró durante buen rato. Junto a San
Antonio estaba Santa Bárbara, esa de la que dicen que solo nos
acordamos de ella cuando truena, y la vela, bondadosa ella, se compadeció
de su soledad y también quiso ofrecerle compañía con su luz. Junto a
Santa Bárbara esta la Virgen de la Salud, que recibía muchas visitas y
no tenía vela que la alumbrara. ¿Cómo iba a dejar sin su luz a la
Madre de Dios?. Y así siempre encontraba un motivo para compartir su
luz con cada santo de la iglesia.
Esto dio
lugar a que se pasara el día
viajando de un altar a
otro, y cada vez que esto hacia perdía energía, y su luz se
debilitaba, y aquella vela que antes prestaba una luz brillante en un
solo altar, terminó
dejando en tinieblas a todos por cumplir con todos.
Cristianos
hay que cual vela de muchos altares está en todas las asociaciones y en
ninguna brillan con luz
propia.
20
RELIGIÓN SI, RELIGIÓN NO
Había
una vez dos madres que todos los días iban juntas a llevar a sus hijos
al colegio. Un día el Director le preguntó si querían apuntar a sus
hijos a las clases de religión. Una dijo que no, porque quería que su
hijo eligiera libremente la religión que quisiera cuando fuera mayor.
La otra dijo que si porque quería que su hijo tuviera alguna información
sobre religión, ya que así cuando fuera mayor tendría más
conocimientos y podría elegir mejor.
El hijo
de la madre que rechazó la religión no eligió ninguna cuando fue
mayor, y se dedicó por
entero a hacerse rico. Creó un emporio comercial y vivía feliz con sus
negocios sin importarle si estos eran más o menos morales. Lo
importante era que fueran legales para que nadie pudiera ir contra
ellos.
El que
se apuntó a las clases de religión se hizo cura, y ejerció siempre su
misión apostólica en unos pueblos alejados de las grandes ciudades.
También vivió feliz con su trabajo, disfrutando de la naturaleza y de
sus buenas obras que le proporcionaban grandes satisfacciones.
El rico
y el cura conservaron siempre aquella
amistad nacida en el colegio.
Cuando
cumplieron 75 años los dos seguían en activos y con muy buena salud.
Entonces, para celebrar los tres cuartos de siglo de su existencia el
rico invitó al cura a una gran fiesta en su lujosa mansión. La comida
transcurrió con gran alegría para todos recordando el cura y el rico
sus tiempos del colegio. A los postres ambos bromeaban, y rico decía al
cura: ¡Anda, que como cuando mueras no haya nada, vaya chasco que te
vas a llevar! No, respondía el cura. Si al final no hay nada, si todo
acaba con la muerte, después de muerto ya no puedo llevarme chasco
alguno. Pero anda, que como al final esté Dios, tu si que
te vas a llevar chasco. Bueno, dijo el rico intuyendo el sermón que se
le venía encima. Como ni tu me vas a convencer a mi, ni yo a ti, sigamos cada uno
con nuestra verdad.
Sabiendo
el rico que el cura nunca había montado en avión lo invitó a dar un
paseo en el suyo propio. El cura acepto de buen grado, y ambos subieron
al avión. Viendo el
rico que su amigo estaba disfrutando del viaje decidió elevarse por
encima de las nubes para que éste pudiera disfrutar del bello paisaje que
se observa cuando nos elevamos por encima de las nubes.
Cuando
estaban en lo mas alto, sin saber por qué, fallaron los motores, y el
avión cayó en picado estrellándose contra las casas de la ciudad. El
rico y el cura perecieron en el acto.
Ninguno de ellos ha vuelto para contarnos cual de los dos se llevó
el chasco al cruzar la frontera de la muerte, pero de una cosa estamos
seguros: Uno de los dos no estaba en la verdad. No
hay tu verdad y la mía. La verdad solo puede ser que
existe Dios o que no existe. Las dos cosas no pueden ser. Y yo me
pregunto: Si el rico se encontró con Dios al morir -y nadie puede
asegurar que eso no
ocurriera- qué le diría a Dios ¿que la culpa era de sus padres que no quisieron enseñarle religión? ¿Le
valdría alguna disculpa?
21
PROSPERIDAD Y
FELICIDAD
La
receta para conseguir la felicidad,
cosa a la que todos aspiramos, podría
ser ésta: Antepón el amor a la venganza, la moral a la economía y el
deber al placer. Este puede
ser el camino de la felicidad, pero ¿cuál es el camino para la
Prosperidad, cosa a la que también aspiramos todos? El camino de la
prosperidad verdadera no puede ser otro distinto del
que nos lleva a la felicidad. Hay otro tipo de prosperidad que no
siempre lleva a la felicidad, la prosperidad económica. Esta por sí
sola no da la felicidad. Prosperidad económica sin felicidad no es
verdadera prosperidad; esta
es la que engaña a muchos gobernantes y a muchos pueblos que ponen
en las riquezas la verdadera prosperidad.
Los pueblos y las
personas que anteponen
la economía y la ambición a la moral van camino de ruina,
porque sin moral aflora la corrupción, y la experiencia nos dice que la corrupción
arruina los imperios, las familias y las propias vidas de los individuos
que la cobijan.
Busca la Santidad y encontrarás la felicidad. ¿Lo dudas? Haz la prueba
y comprobarás que es verdad.
22
CONSEJO PARA DAR PREFERENCIA A TRABAJOS.
A
la hora de elegir entre realizar un
trabajo u otro debemos elegir hacer
aquel que tenga más valor. Decía Unamuno que para conocer este
valor deberemos preguntarnos por su valor dentro de cien años. Cuanto
más tiempo dure el trabajo más tiempo podrá conservar su valor. Si cuando hayamos
desaparecido nosotros eso que estamos haciendo ahora sigue teniendo algún valor,
entonces merecerá la pena hacerlo, pero si el valor de lo que hacemos
desaparece con nosotros entonces su valor es efímero.
Eduardo Marquina nos da otra pista cuando dice:
Oro poder y riquezas, muriendo has de abandonar.
Al cielo solo te llevas lo que des a los demás.
Lo
que trascienda contigo a la
eternidad eso será lo tenga mas valor para ti,
porque es lo que mas tiempo te va a acompañar.
23
AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO
Este
es el principal mandamiento para un cristiano.¿Cómo lo cumplimos?
En un
pueblecito pequeño había una vez un pobre a quien todo el mundo le
daba algo para aliviarle en su pobreza. Juan,
que no creía en Dios ni en el diablo, y que era una buena
persona le daba de vez en cuando algún dinero para que no pasara
hambre. Pedro, que no era ni de los rojos ni de
los amarillo, ni tampoco de los cristianos practicantes, pero que tenía
un buen corazón, aunque tampoco se acordaba de Dios para nada, le
suministraba ropa para quitarle el frío. Y otro vecino que
era que casi era
tan pobre como él le visitaba casi a diario por aquello que manda Dios
de amar a Dios y al prójimo, y compartían frecuentemente lo poco que
ambos tenían.
Recordemos
que Juan y Pedro daban por compasión, y y el vecino pobre por cumplir
la voluntad de Dios.
¿Cumplían
los tres con el precepto de amar a Dios y al prójimo? Es lo mismo
solidaridad, compasión y amor?
24
LA
MISA
Cuenta
que un día estaba una iglesia llena de gente
y el sacerdote revestido para salir a celebrar la misa, cuando dos
forajidos entran en la iglesia, pistola en mano, y gritando : Los que estén
dispuesto a morir por Dios, que se queden, y lo demás que se vayan.
La gente
salió atropelladamente y solo quedaron cuatro en la iglesia. Entonces
los forajidos se dirigieron al sacerdote y le dijeron: Ya puede decir la
misa, esos son los únicos que la necesitan, a lo que el cura, con una
sonrisa en los labios contesta: Perdonen, se han confundido, quienes más
la necesitaban eran esos que me han echado de la iglesia.
25
EL AMOR Y LA JUSTICIA
Había una vez dos hombres ricos en una ciudad. Ambos
tenían un hijo solo, y el hijo de cada uno de ellos obraba perversamente
estafando y engañando a la gente
El primero de los padres era muy justo y teniendo
conocimiento de las fechorías de su hijo mandó apresarle y lo castigó severamente encerrándolo en la cárcel. El
segundo era más indulgente. Al conocer la vida depravada de su hijo lo
reprendió una y otra vez,
a la par que indemnizaba a las personas que había perjudicado su hijo,
hasta que al final se arrepintió
¿Quién obró mejor?
Con frecuencia pedimos a Dios que descargue
su ira contra quienes se portan mal,
sobre todo si su mal comportamiento nos afecta negativamente a
nosotros, pero Dios a lo mejor obra como el padre indulgente.
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