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martes, 30 de octubre de 2012

REFLEXIONES



      1.-   ¿DE QUIEN ES LA CULPA,  DE DIOS O DE LOS HOMBRES?  

En un país lejano vivían cien familias. Cincuenta vivían en el Norte, eran ricas y tenían  toda clase de bienes. Las otras cincuenta vivían en el Sur, y carecían de lo necesario para vivir. Un día la televisión del Norte  emitió un reportaje sobre lo mal que vivían en el  en el Sur, y en reportaje aparecían  unos padres y unos hijos famélicos que daba lástima verlos. Al ver el reportaje un padre comentó con su hijo: ¿Cómo puede Dios consentir estas cosas?  Si existiera un Dios bueno, justo y poderoso no existirían estas cosas, pero puesto que existen es que Dios no existe. Y padre e hijo siguieron viviendo  su buena vida.
Otro padre al ver el reportaje comentó con su hijo: No hay derecho a esto. ¿Pero tu y yo qué podemos  hacer ante tanta hambre?   Aunque diéramos todo lo que tenemos no podríamos sacar a toda esta gente de tanta miseria. Y siguieron viviendo su buena vida.
Finalmente otro padre al ver el reportaje dijo a su hijo: Anda, ve  al Sur, infórmate  de quien es esa familia que pasa tanta hambre y ayudémosla en lo que podamos. El hijo fue al Sur buscó a la familia y compartieron con ella sus bienes, y desde aquel día en Sur ya solo hubo 49 familias pobres.
 Si cada vecino del Norte hubiera ayudado a un solo vecino del Sur hubiera desaparecido la pobreza en aquel país sin intervención de Dios.  
 
 2.-                                       LA HERENCIA DEL PADRE

 Un padre tenia tres hijos. Uno le dijo: Padre, quiero  separarme de ti y salir de casa para conocer el  mundo. El padre le dijo: Hijo, yo conozco el mundo y se que si te separas de mi vas a pasar hambre y a sufrir mucho. Bueno, dijo el hijo: eso es lo que tu crees, pero yo no estoy de acuerdo.  Ante la insistencia del  hijo, el Padre , respetando su libertad y con gran dolor de su corazón le dio provisiones y algunos consejos  para el viaje y lo dejó partir.
Tras la marcha de este hijo,  el segundo hizo lo mismo, y el padre se comportó con éste como con el primero.
Finalmente quedaba el otro hijo, pero este decidió quedarse con el padre y vivir bien junto a él porque tenia todo lo que quería.
Pasado algún  tiempo el hijo que se marchó primero volvió arrepentido y pidió quedarse con él con el padre prometiendo a cambio trabajar para pagar lo gastado y aumentar la  hacienda común. Y así lo hizo.
Cuando el padre sintió cercana  su muerte llamó a los tres hijos y les dijo: Voy a repartir mis bienes entre vosotros, y quiero hacerlo proporcionalmente a vuestro esfuerzo por aumentar la herencia común. Y dirigiéndose al que había abandonado la casa y no había vuelto le preguntó: ¿Tu en cuanto crees que la has incrementado? Padre, respondió el hijo, tu sabes que  yo he estado todo el tiempo fuera de casa. Bien dijo el padre. Puesto que tu  te alejaste  voluntariamente de mi, yo me alejo ahora de ti. Dispongo que nada de mi herencia vaya para ti. Llamó después al que se había quedado todo el tiempo con él y le habló así: Tu has permanecido todo el tiempo conmigo, pero siempre has vivido pensando solo en ti y pocas veces te has preocupado por aumentar la herencia, a pesar de las muchas oportunidades que has tenido.  No puedo negar que algo has hecho,  así es que coge una pequeña  parte de mis bienes y disfruta de ellos.
Por último llamó al hijo que se marchó primero, pero que volvió arrepentido y le dijo: Tú, que eres el que mas has trabajado por aumentar la herencia disfruta ahora  de la mayor parte de ella, porque a ti te corresponde más que a nadie. 
En la Iglesia hay una herencia común que se disfruta en el reino de los cielos, pero a lo mejor también Dios la reparte como el padre esta parábola. 


3.-                                  ¿SE PUEDE CREER EN LOS CURAS? 


 Había una vez un rico que tenía un mayordomo y varios criados que labraban sus campos. Una noche llamó al mayordomo y le dijo: Toma papel y pluma y escribe: “El señor sale de viaje en busca de buenas semillas para sembrar sus tierras. Preparad los campos  para que pueda sembrarlos cuando vuelva”.  Escrito esto por el mayordomo, lo firmó el señor   y le dijo que lo comunicara a todos los criados, y partió en busca de  buenas semillas.
Al día siguiente el mayordomo llamó a los criados y le comunico la orden del amo, pero algunos no lo  creyeron. Eso es una argucia tuya –decían-  para hacernos trabajar mientras el amo está fuera. Si el amo quiere que trabajemos ¿por qué no nos lo dice directamente a nosotros?, replicaban. El mayordomo les enseñaba  una y otra vez el escrito con la firma del amo,  pero los  criados seguían sin darle crédito. Eso está escrito por ti, replicaban, no está escrito por el amo. Tu habrás falsificado su firma para hacernos trabajar. Finalmente los criados deliberaron entre sí y unos decidieron dar crédito al escrito del mayordomo y prepararon  sus campos, mientras que otros siguieron sin darle crédito y no hicieron nada. 
Pasado el tiempo regresó el señor con las semillas, y al ver que había campos sin labrar llamó al mayordomo. Este le dijo: Señor yo transmití tus órdenes a los criado, pero muchos no me creyeron. ¿Y tampoco respetaron mi firma? Preguntó enojado el señor? Tampoco Señor, dijo el mayordomo. Negaron que fuese tu firma y dijeron que era una falsificación  mía para engañarlos.
Entonces el Señor llamó a los criados y les pidió explicaciones a los que no habían preparado  el campo. Estos se disculparon ante el Señor diciendo:  Señor, nada nos dijiste a nosotros,  y conociendo que tu administrador a veces comete errores y hasta engaños no lo hemos creído, y por eso no hemos preparado los campos, pero ahora  iremos  y los prepararemos. Al oírlos el señor se enfadó y les dijo: Sois unos siervos malvados. Sabéis que a pesar de sus debilidades yo confío en el mayordomo, y si yo confío en él ¿por que vosotros  lo juzgáis indigno de vuestra confianza? No os condeno por no haber preparado el campo, os condeno por vuestra falta de fe respecto a mis mandatos, y por el desprecio que hacéis a las señales (se refería a la firma) que os doy de que esas ordenes provienen de mi.  Quedáis despedidos. Y a los que habían  creído y habían preparado el campo les dijo: Vosotros id a cobrar vuestra recompensa. 

 4.-               SOMOS  JARDINEROS DE NUESTROS  SENTIMIENTOS


 Érase una mujer casada que tenía dos hijos. Uno muy guapo y muy listo, El otro era normal y corriente. El hijo  listo era el predilecto de la madre, y ya lo veía en la cúspide de la fama. Pero un día cuando parecía que a este hijo se le iban a abrir todas la puertas de la fama, se encontró con la muerte en un accidente de trafico.    
Desde ese día no hubo  consuelo para aquella madre. Se pasaba los días junto a la tumba de su hijo adorado, y clamando contra Dios por haber permitido aquella muerte injusta ¿Qué mal le habían hecho ella o su hijo a Dios para permitir aquella muerte?. Su obsesión la estaba volviendo loca. Entonces, por consejo de los médicos,  el hijo que le había quedado la llevó a vivir con él  lejos de donde estaba enterrado su hermano, y  con el tiempo y la lejanía del lugar del suceso aquel mal recuerdo dejó de obsesionarla. Pasado el tiempo, y cuando al hijo le llegó el tiempo de la jubilación  volvieron a su ciudad natal,  y la madre volvió a las visitas frecuentes a la tumba del hijo muerto, y con ellas volvieron las penas y obsesiones contra Dios.
¿Cual  era la razón de aquellos cambios en sus sentimientos? El riego que les daba a esos sentimientos. Los sentimientos son como las plantas. Si las riegas y las mimas crecen frondosas. Si les quitas el riego y te olvidas de ellas se secan y terminan muriendo.
Nuestra mente es el jardinero de nuestros sentimientos. Aquellos sentimientos que recreamos en nuestra mente, sean buenos o malos, crecen frondosos. Aquellos que nuestra mente  no riega se secan. Si riegas los sentimientos de amor a Dios, o a tu pareja, tendrás amor; si no los riegas el amor se secará. 
Moraleja: Riega los sentimientos positivos y tendrás una vida tranquila y feliz, riega los negativos y tendrás tu propio infierno en esta vida. 

 5.-                        EL FILOSOFO Y EL DENTISTA

 Había una vez un filosofo progresista que discutía frecuentemente sobre la fe con su amigo creyente, que era dentista. Sostenía el filosofo que creer que existe lo que ciencia no puede demostrar que existe es propio de ignorantes y de borregos. Según él solo debemos creer lo evidente y lo que la ciencia pueda probar que es cierto. Para este filósofo las creencias religiosas son lógicamente insostenibles y deben abandonarse en estos tiempos del conocimiento.
Una mañana temprano este filosofo  se presentó en la clínica de su amigo dentista en busca de remedio para su fuerte dolor de muelas.
El amigo dentista le pregunta: ¿qué te pasa? Que no aguanto este dolor de muelas, responde el filósofo. El dentista examina su boca y dice: Pues no veo nada anormal, todas las muelas parece que están bien.
Sí, pero a mi me duele mucho ésta, insiste el paciente señalando la causante del dolor. El dentista la mira y repite: Pues yo la veo igual que las otras, aquí no se ve ningún dolor. Haremos una placa a ver si la ciencia nos muestra algo.
Hecha la radiografía, el amigo dentista  sigue repitiendo lo mismo, y cada vez con mas sorna: Pues yo no veo aquí ningún dolor.
¿Pero es que no me crees, grita  malhumorado el filósofo. Pues verás, contesta su amigo: tu me has enseñado que solo debo creer lo evidente, y lo que la ciencia puede probar que es cierto, y aquí tu dolor ni es evidente para mi, ni la ciencia demuestra que ahí haya dolor. 
A veces el que cree está  mas cerca de la verdad que el que solo se guía  por su ciencia.   


 6                                  ¿CREÓ DIOS EL MAL?
 
Una vez un profesor de universidad estaba empeñado en convencer a sus alumnos de que Dios no existía y preguntó a los de la clase:
¿Vosotros creéis que vuestro Dios ha creado todo lo que existe? Estos contestaron afirmativamente: Sí, creemos que Dios  es el creador de todo lo que existe.
Entonces el profesor muy ufano replicó: Pues estáis creyendo  en un Dios malvado, porque la maldad existe, y según vosotros es vuestro Dios quien la ha creado.
Entonces un alumnos se levantó y pregunto al profesor: ¿Vd. cree que el frío y la oscuridad existen? A la vista está, replicó el profesor: Eso es evidente. Pues está  equivocado, replicó el alumno. El frío es ausencia de calor, y la oscuridad ausencias de luz. Y de la misma manera la maldad tampoco existe, lo que existe es ausencia bondad. Dios creó la bondad.
Frío, oscuridad,  o maldad, como tantos otros vocablos,   solo son palabras que hemos creado los  hombres para entendernos, pero no son realidades creadas  por Dios.  
El mal no es una creación de Dios. Es la ausencia del bien que Dios creó.  El bien es Dios, que es amor, y el mal es la ausencia de la presencia de ese bien.            
   
7.-                                     ENTENDER A DIOS
 Una vez había un señor ateo que tenía un hijo pequeño. Un día este hijo se le escapó al padre y se fue a la catequesis que impartía el cura del lugar, donde estaban sus amigos. Al enterarse el padre corrió a buscarlo, porque no quería que recibiera enseñanza religiosa alguna, y menos del cura que anunciaba un Dios cuya existencia nadie ha podido demostrar y, además, siempre según él, es un Dios injusto y tirano, y contrario a la razón humana. No me explico, decía el ateo  dirigiéndose al cura, como hombres con estudios como Vd.  pueden defender la existencia de un Dios que ninguna persona inteligente puede comprender.
Entonces el cura, viendo que el hijo se rebelaba contra su padre y no quería salir de la catequesis pregunta al ateo: ¿Si su hijo no quiere irse con Vd. ¿por que lo fuerzas a marcharse?
Mi hijo es pequeño y todavía no entiende a los mayores, dijo el padre. Cuando sea mayor y tenga mas conocimiento se dará por agradecido al comprender lo que estoy haciendo por él.
Tienes razón, dijo el cura. ¿Pero  si eres capaz de entender  que tu hijo no pueda comprenderte  porque tiene  menos conocimientos que tu, como  no puedes entender que tu no puedas  comprender a un Dios porque tiene unos conocimientos infinitamente superiores a los de cualquier hombre?
 
8.-                                   LA BARCA
 Dos  amigos salieron a pescar. El uno se situó en la margen derecha del río y el otro en la izquierda. Estaban entretenidos en  su quehacer  cuando vieron que una  barca se deslizaba  entre los dos sin que se viera gente en ella.  Entonces el uno gritó al otro: Oye, ¿te has fijado que  en  esa barca negra   no va nadie? ¡Qué raro, una barca negra y sin barquero que la dirija! Sí, responde el otro, pero no es negra, es roja. Ambos discutían sobre el color  de la barca cuando vieron que alguien se erguía dentro de ella  y la dirigía  hacia uno de ellos, invitándolo a subir. Después viró hacia donde estaba el otro e hizo lo mismo. Una vez dentro los dos pescadores el barquero le preguntó como veían ahora la barca. Desde dentro se ve de otra color contestaron éstos. Así es, dijo el barquero. Desde fuera unos  la ven negra, triste  y fea y la rechazan por eso. Desde dentro se ve de otra forma.
La barca se llamaba Iglesia, y el barquero, a veces visible y otras no tanto, se llamaba Cristo.

 9.-                                  EL SABIO Y EL PASTOR

 Un  científico salió a dar un paseo al campo. En el camino se encontró a un pastor que caminaba hacia su majada. Iban charlando amigablemente cuando un coche paró ante a ellos y fueron secuestrados y  llevados  a un habitáculo aislado del mundo exterior,  donde no entraba luz alguna. Una triste lámpara alumbraba día y noche sin que  pudiera percibirse cuando era de día y cuando de noche. 
Pasado algún tiempo el pastor y el científico se enzarzaron en una discusión sobre si fuera era de día o de noche. El pastor sostenía  que era de día, y el científico que no había forma de saber si fuera era de día o de noche puesto que allí nunca entraba luz alguna del exterior.
El pastor razonaba así: La primera comida que nos suministraron fue el desayuno; cada vez que nos suministran una comida yo hago una raya en la pared con el pincho de mi cinturón. Tengo hechas noventa rayas mas una,  luego nos han traído la comida de treinta días y el desayuno del día 31, luego fuera tiene que ser de día. Sí, replicaba el científico, pero  tu prueba no es fiable, porque no puedes probar que hayas apuntado todas las comidas. Si te has olvidado  de apuntar alguna, o has apuntado alguna de mas  tu cuenta falla.
En esta discusión estaban cuando entró el carcelero con una nueva comida, y el  pastor preguntó a éste: ¿Fuera es de día o de noche?. Es de día, dijo el carcelero sin más explicaciones, y se fue. ¿Ves?, dijo muy ufano el pastor; tengo razón al afirmar que fuera es de día. Pero la discusión siguió,  porque ahora el científico decía que aunque el carcelero había dicho que era de día tampoco había probado que lo fuera.
Estando en esta  discusión volvió a entrar el carcelero y le  anunció  que tenía  orden del director de liberar a los que acertaran si fuera era de día o de noche. El pastor no dudó y dijo que apostaba porque  era de día, mientras el científico seguía repitiendo que él no podía apostar por nada porque no había pruebas fundadas en un sentido o en otro. Entonces el carcelero cumpliendo la orden del director liberó al pastor y dejo encerrado al científico esperando a que su ciencia descubriese la verdad sobre si más allá de aquellos muros había luz u oscuridad.     

  10           LA JOYA ENTERRADA EN EL ESTERCOLERO

  “Habíamos descubierto a Cristo que nos atraía enormemente, pero la Iglesia nos repugnaba. Así estábamos indecisos a abrazar el catolicismo hasta que nos dimos cuenta de que si hubiéramos encontrado una perla en medio de un estercolero, no hubiéramos dudado en meternos dentro a cogerla” (Jacques  Maritain, filósofo, y Raisa su mujer)
 En otro tiempo dos amigos comentaban amigablemente en el café  sobre  si se podía o no creer  en la Iglesia Católica. Juan, el ateo,  decía a Pedro el creyente: No me explico como  puedes creer en una Iglesia que ha quemado vivas a miles de personas  por no creer lo que ella quiere que crean, que ha tenido Papas que han organizado ejércitos que han arrasado y saqueado pueblos enteros, y mientras, ellos traficaban  con bulas e indulgencias engañando a sus propios fieles, y que contra toda naturaleza  prohíben casarse a sus sacerdotes, y que en pleno siglo XXI siguen discriminando a la mujer y no toleran la democracia en su organización. Además manipula las Escrituras y os hacen cumplir unas leyes que ellos no cumplen. 
Pues veras, contestó Pedro: Yo tampoco creo en esa Iglesia que tu describes, No creo en esa Iglesia mata moros y herejes a mansalva y que no respeta las opiniones ajenas, y tortura a sus fieles. La Iglesia en la que creo es la que tiene por bandera los mandamientos de la Ley de Dios: No matarás, no robarás, amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo..., y en esa Iglesia que practicando lo que ellos predican  ha fundado multitud de hospitales para los pobres, ha dado y está dando de comer,  no a miles, sino a millones de personas que pasan hambre, les da cobijo cuando no tienen techo o les ayuda a sufragar los gastos más elementales para su subsistencia. Creo en esa Iglesia en la que no solo hay unos pocos malos sacerdotes, sino otros miles de sacerdotes que dedican su vida  al servicio de la humanidad.  Creo en esa Iglesia que produce personas como Madre Teresa de Calcuta, o personas con vidas tan ejemplares como las de los santos. Cierto que en esa Iglesia  también militan junto a estos pillos, malvados e indeseables, o simplemente incompetentes, y con comportamientos tan poco tan ejemplares como los que tu acabas de presentar. Y digo yo, querido Juan, que habiendo en la Iglesia tantos y tantos que han hecho tanto bien, y tantas personas que siguen haciéndolo,  y cuyas vidas son dignas del mayor elogio ¿por qué había de fijarme solo en esos pocos que tu describes  que han hecho tanto mal?

 11                                  DEMOCRACIA... pero sin pasarse

 En  un lugar de la tierra había un pueblecito cuyo nombre no hace al caso para esta historia. Dicho pueblo estaba gobernado por un alcalde austero y exigente. Entonces los del pueblo empezaron a protestar contra él. El jefe de la oposición vio su oportunidad de hacerse con el poder y en nombre de la democracia levantó al pueblo contra el alcalde, prometiendo consultar todas las cosas con el pueblo soberano.
El alcalde austero y exigente fue obligado a dimitir por el pueblo soberano, y en su lugar eligieron democráticamente al progresista. 
La primera actuación del nuevo alcalde fue preguntar al pueblo si quería que rebajase los impuesto,  y el pueblo, democráticamente  y por mayoría absolutísima votó que sí, gritando a pleno pulmón: ¡Viva la democracia! .
Pasado algún tiempo volvió a preguntarles si querían que subiera los sueldos y los salarios de todos, y el pueblo, democráticamente y por mayoría absolutísima,   dijo que sí, y volvió a gritar loco de contento ¡Viva la democracia!
No habían pasado muchos meses cuando el alcalde sometió a la voluntad del pueblo una nueva propuesta preguntándoles si deseaban que aumentase el presupuestos para las fiestas del pueblo con el fin de que todos se divirtieran gratis.  Y otra vez  el pueblo siguió votando que sí.
El pueblo estaba loco de contento con su nuevo alcalde por su excelente política social. Ningún alcalde anterior  había conseguido aumentar tanto el bienestar social del pueblo en tan poco tiempo. Y el alcalde, muy ufano, presumía de esto ante sus vecinos.
En este plan vivían felices y contentos los vecinos de aquel pueblo, hasta que llegó un fin de mes y el alcalde no tenía dinero para pagar a sus funcionarios, y las facturas por los gastos hechos empezaron a acumularse en sus cajones. Pero no hubo problema: El buen alcalde fue al Banco, pidió un préstamo y todo solucionado, Y así un mes tras otros, hasta que el Banco se negó a concederle más crédito.
Entonces el alcalde llamó al pueblo, le explicó la mala situación económica y les propuso aumentar los impuestos y rebajar los sueldos para solucionar el problema, pero el pueblo, democráticamente, por mayoría absolutísima, y sin cantar viva la democracia, votó que no aceptaba la propuesta del alcalde. 
¿Y que pasó? Pues que como el alcalde no podía pagar lo que debía el Ayuntamiento  llegó la justicia, y sin consultar al Alcalde ni al pueblo soberano  embargó los bienes del ayuntamiento, y nombró una Comisión Gestora  que se encargase de poner orden en tanto desgobierno.
 Viva la democracia, sí, pero cuidado con tanto demócrata que confunde la libertad y el orden con el libertinaje y el desgobierno.
 12                   EL HOMBRE QUE DECÍA QUE ERA DIOS
 Hace unos dos mil años, en otro lugar, que no en España, nació un hombre que dicen que era descendiente de un Rey importante que se llamó David. A él lo llamaban Jesús, y hasta hoy no esta acreditado que su verdadero padre fuera un tal José, esposo de su madre. Es el caso que a este hombre le dio por decir que era hijo de Dios,  pecado gravísimo en aquel país eminentemente  religioso. Cometió además el grave error de hacerse amigo de los pobres y de los pecadores, y de acusar de obrar mal a la jerarquía religiosa del pueblo, que eran los que mandaban allí. Éstos, hartos de que se metiese con ellos lo acusaron de blasfemo y de obrar contrario a lo mandaba su Dios, pecado gravísimo en aquel país, no como en España donde el pecado  es ya cosa superada. Y así lo denunciaron al Jefe político del pueblo, un tal Poncio Pilato. Lo primero que hizo Poncio fue preguntar a Jesús se él era hijo de Dios, y Jesús, aún sabiendo lo que esperaba dijo que si. Bien, dijo Poncio: Dame una señal de que es verdad lo que dices,  y Jesús, llamado también Cristo, contestó: Destruye este templo (su cuerpo) y yo lo reconstruiré en tres días. Esta respuesta no le gustó a Poncio, ni a aquellos sacerdotes, ni al pueblo y todos dijeron: matémoslos a ver si es verdad lo que dice. Y lo mataron. Y resultó que ser verdad lo que anunció: A los tres días, el cuerpo que ellos habían  destruido resucitó. ¿Será que era verdad que era Hijo de Dios?
 13                                                EL CRUCIFIJO Y LOS FETICHES
 Una vez se juntaron un ateo y un creyente, el ateo con sus fetiches colgados del cuello y el creyente con su crucifijo.
El creyente pregunta al ateo: ¿Qué es eso que llevas colgado al cuello? Y éste contesta: Son mis amuletos de la suerte. Este es cuerno de la abundancia; lo llevo para que me de prosperidad  y este otro es el chinito azul para que me de suerte en el trabajo. Mira, decía muy ufano el ateo: A este chinito lo coges entre las manos, cierras los ojos, le pides un deseo y le das tres besos y te concede lo que le pidas si lo llevas siempre contigo.
¿Y de verdad tu crees que esos amuletos  te pueden conceder lo que le pidas?, preguntó el creyente.  Hombre, responde el ateo, igual que tu que crees que esa  cruz  que llevas en el  cuello te va a salvar y  conceder  lo que le pidas.
Estás equivocado, responde el del crucifijo. Yo no creo que el metal de esta cruz me libre de nada, ni me vaya a dar buena suerte. La llevo en señal de que soy cristiano, como puedo llevar  la bandera española en las solapa de mi chaqueta si quiero anunciar que soy español.
La cruz me recuerda que soy cristiano y que debo comportarme como tal. Yo en quien creo es en el  ser vivo que representa la cruz, en ese hombre-Dios  que vivió en la tierra y que  un día murió y resucitó. No creo que este metal que cuelga de mi cuello pueda influir en mi vida para nada, creo en un Dios y en un hombre que existen en realidad, pero  ¿Podrías explicarme tu quien es el que actúa para que tu cuerno de la abundancia te llene de bienes, o para que tu chinito te de la buena suerte en el trabajo? Porque, digo yo, que será alguien con inteligencia que sepa distinguir lo bueno de lo malo y que pueda rechazar lo malo y atraerte lo bueno. ¿O crees que el material de esos amuletos son capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo? 
 14                    UNA VIÑA LLAMADA TIERRA
 Un señor tenía una viña, a la cual la llamó Tierra. Envió a varios operarios a trabajarla. A unos les dijo: vosotros labrareis la viña y le quitareis las malas hierbas; a otros le dijo: vosotros cuidaréis de que las plagas del campo no estropeen las cepas; a otros le encargó  espantar la aves cuando estuviera maduro el fruto  para que no comiesen la cosecha; a otros encargó la vendimia y hacer el vino, y a otros venderlo  y entregar todo el dinero al administrador, para que éste lo repartiese  equitativamente  entre los trabajadores de la viña.
El dueño advirtió a todos que volvería más tarde para premiar a los que hubieran cumplido bien su  misión y que castigaría  a los negligentes.  
El primer año todo funcionó a las mil maravillas: Cada uno cumplió con sus obligaciones, hubo buena cosecha y todos quedaron satisfechos con su paga. Y lo mismo el segundo, y el tercero, pero más tarde se instaló la corrupción entre ellos.  Unos se dedicaron a cuidar la viña del vecino cobrándoles su trabajo; otros se quedaban con parte del vino producido, y los vendedores no entregaban al administrador todo el dinero obtenido con su  venta. El resultado fue que al final apenas había  dinero para repartir y  protestaban los unos contra los otros echándose la culpa de su escaso salario.  La convivencia en aquella viña se convirtió en un infierno constante.  
El dueño de la viña regresó como se lo había  anunciado y pidió cuentas a cada uno respecto a su trabajo. Los que habían obrado mal pretendieron disculparse, pero el dueño,  que había gravado todos sus actos le paso la película de su vida y, avergonzados, no tuvieron mas remedio que confesar sus faltas.    Terminado el examen despidió a todos los que habían obrado mal, dejando solo a los que habían cumplido bien,  y  la convivencia que se había convertido en un infierno se transformó de nuevo en un paraíso terrena. 
 15                      DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO
 Una vez iba Dios de incógnito por un camino y de repente se cruza con un hombre.  Dios se para a ver si el hombre le pide algo, pero este ni repara en él  y pasa de largo.  Mas tarde pasa otro hombre, y Dios hace lo mismo, espera a  ver si el que pasa le pide algo. Este se acerca y le pide una monedad. Dios, que es muy generoso,  le da dos, y el caminante sigue contento su camino.  Al poco rato  se encuentra con otro; este, al ver que no Dios no tiene prisa, se junta con el y le cuenta sus muchos problemas. Dios se conmueve con  su historia  y le da consejos sobre  lo que debe  que hacer para resolverlos, y el caminante, que  se siente aliviado, continua alegre su  camino. Finalmente otro hombre pasa junto a Dios, y al verlo se queda mirándolo y dice:  Tu eres el Dios de los hombres, el que yo estoy buscando. Y Dios le dijo:  Me has reconocido porque estabas buscándome y yo siempre salgo al encuentro de los que me buscan. Pide lo que quieras y se te concederá. Quiero ser feliz eternamente, dijo el hombre del camino, y Dios le respondió:  Vente conmigo. Y los dos desaparecieron.
Tu ¿de cuales eres, de los que no piden nada, de los que piden bienes materiales o de los que piden la salvación eterna?
     16                                   EL TRIBUNAL DE DIOS
 Había una vez un hombre pobre que solo pensaba en hacerse rico  a cualquier precio. Y a base engaños y malas artes consiguió su propósito. Con la riqueza le vino el poder, y habiendo conseguido las dos cosas,  las dos las usó para aumentar su poder y su riqueza sin reparar si los medios para conseguirlo eran buenos o malos. En todo el reino era conocido como el Rico Epulón, sobrenombre sacado de las Sagradas Escrituras,  porque a imitación de aquel comía, bebía y disfrutaba de todos los placeres a su alcance, sin  acordarse para nada de los pobres que le servían. 
En estas andaba cuando su médico le pronosticó un cáncer incurable, y le anunció que su vida sería corta. Entonces se dijo: si muero y hay un juicio como dicen los curas habrá que preparar una buena defensa, y a ello dedicó todos sus esfuerzos, aunque po caminos equivocados.
Cuando le llego la muerte tal fue derechito al juicio divino,  tal y como predecían  los curas, pero iba  tranquilo porque confiaba en su defensa. 
 El rico, sin dudarlo,  se puso a la fila para entrar en el cielo, y al verlo allí San Pedro le dijo: ¿Pero tu, rico Epulón, estás seguro de haber cumplido los mandatos del Señor?  Al pie de la letra, contestó éste sin inmutarse. Según los Evangelios, Lucas, 10, 26, Cristo dijo que el primer  mandamiento es “amarás  a tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y yo siempre he amado a mi Dios  sobre todas las cosas. ¿Y cual es tu Dios? Preguntó San Pedro sorprendido por  la respuesta. Mi Dios –respondió el rico- ha sido el poder y las riquezas, y yo las he amado siempre con todas mis fuerzas. Y más te digo, Pedro,  continuo el rico en plan de amigos: el segundo mandamiento, amar al prójimo, también lo he cumplido. Mi prójimo son  mis amigos, que son los más próximos,  y siempre me he  portado con ellos como quisiera que ellos se portaran conmigo. A todos he procurado enriquecerlos para que ellos hicieran lo  mismo conmigo.
De pronto se oyeron voces que gritaban: "Está mintiendo, esta mintiendo.  Nosotros fuimos sus  amigos y nos engañó muchas veces.  Y otra voz potente atronó la estancia diciendo "Yo soy el Señor tu Dios. No habrá para ti otros dioses delante de mi". 
El rico Epulón al oír todo aquello se llenó de miedo,  mientras San Pedro le susurraba al oído: "Este es tribunal de Dios, aquí no hay engaño,  sale la verdad de todo lo que se hace allí abajo". 
 17                  CULTIVAR LA PARCELA DE NUESTRA PROPIA VIDA
 Había una vez un labrador  que siempre hacia  bien su oficio. Labrar sus tierras era lo único que sabía hacer, pero lo hacia a conciencia y disfrutaba con ello. Cuando llegó a viejo y ya no podía labrar sus tierras  pensó que aún le quedaba una parcela donde podía seguir trabajando: La parcela de su propia vida. Imaginaba él que cada día  que amanecía era un nuevo surco que se abría en la parcela de su  vida e intentaba sembrarlo de buenas obras. Y así, día a día, iba sembrando de buenas obras el surco que cada noche añadía a la parcela de su vida.
No era muy rezón, apenas si sabia de memoria otras  oraciones que el Padre nuestro, el avemaría, la salve, el credo y poco mas, pero eso sí, todas las mañanas al iniciar el día  pedía a Dios que le enviara  al Espíritu Santo  para que le ayudara a conocer la voluntad del Padre y le diera fuerzas para cumplirla, y al acostarse daba gracias a Dios por los beneficios recibidos  y le pedía   que bendijera la buena semilla que hubiera  sembrado aquel día y que hiciera secar la mala para que no hiciese mal a nadie.
El labriego vivió feliz así la última etapa de su vida, murió de viejo, y lo hizo tranquilo y  esperanzado poder presentar al Señor una cosecha  con pocos cardos y algún que otro fruto que fuera de  su agrado.  
 18                          OBRAMOS COMO NIÑOS
 Había una vez un sabio que estaba absorto en su trabajo  sin darse cuenta de que se le estaba quemando la casa. Un niño que pasaba por allí advirtió que el sabio no se daba cuenta del peligro que corría  y   arriesgando la propia vida  entró en la casa y le avisó del fuego y del peligro que corría su propia vida. Medio axfisiados  por el humo consiguieron salir los dos ilesos de aquel trance.
Entonces el sabio, que era muy rico, quiso ofrecerle al niño un regalo que fuera de su agrado, y le propuso elegir entre un gran pastel de chocolate o una bonita casa en la playa para pasar  los veranos con su familia,  y el niño,  sin dudarlo, eligió el pastel de chocolate. Al enterarse el padre de esto montó en cólera contra el hijo por su mala elección, y el sabio, que conocía bien la vida del padre,  le objetó diciendo: ¿de que acusas a tu hijo, si haces tu lo mismo? ¿No dices que eres cristiano? Entonces por qué cuando Dios te da a elegir entre una vida eterna feliz si cumples sus mandamientos o seguir viviendo con tu amante,  tu eliges seguir con tu amante y renuncias al bienestar eterno? ¿No estas tu haciendo lo mismo que tu hijo al renunciar a una vida eterna feliz por un placer pasajero?
   19                                              VELA DE MUCHOS ALTARES
 Érase una  vela que alumbraba noche y día a Santa Rita, y daba una luz  tan brillante que  atraía la atención de todos los que visitaban el templo. Pero un día empezó a pensar y se dijo: No es justo que yo esté todo el día alumbrando a  esta santa y que los demás santo no tengan vela que los alumbre, y pidió permiso a Santa Rita  para compartir su luz con los otros santos.
Junto a Santa Rita estaba San Antonio, el abogado de las cosas perdidas,  y fue al primero que alumbró durante buen rato. Junto a San Antonio estaba Santa Bárbara, esa de la que dicen que solo nos acordamos de ella cuando truena, y la vela, bondadosa ella, se compadeció de su soledad y también quiso ofrecerle compañía con su luz. Junto a Santa Bárbara esta la Virgen de la Salud, que recibía muchas visitas y no tenía vela que la alumbrara. ¿Cómo iba a dejar sin su luz a la Madre de Dios?. Y así siempre encontraba un motivo para compartir su luz con cada santo de la iglesia.
Esto dio lugar a  que se pasara el día viajando de un altar  a otro, y cada vez que esto hacia perdía energía, y su luz se debilitaba, y aquella vela que antes prestaba una luz brillante en un solo altar,  terminó dejando en tinieblas a todos por cumplir con todos. 
Cristianos hay que cual vela de muchos altares está en todas las asociaciones y en ninguna  brillan con luz propia. 

 20                             RELIGIÓN SI, RELIGIÓN NO

Había una vez dos madres que todos los días iban juntas a llevar a sus hijos al colegio. Un día el Director le preguntó si querían apuntar a sus hijos a las clases de religión. Una dijo que no, porque quería que su hijo eligiera libremente la religión que quisiera cuando fuera mayor. La otra dijo que si porque quería que su hijo tuviera alguna información sobre religión, ya que así cuando fuera mayor tendría más conocimientos y podría elegir mejor.
El hijo de la madre que rechazó la religión no eligió ninguna cuando fue mayor,  y se dedicó por entero a hacerse rico. Creó un emporio comercial y vivía feliz con sus negocios sin importarle si estos eran más o menos morales. Lo importante era que fueran legales para que nadie pudiera ir contra ellos.
El que se apuntó a las clases de religión se hizo cura, y ejerció siempre su misión apostólica en unos pueblos alejados de las grandes ciudades. También vivió feliz con su trabajo, disfrutando de la naturaleza y de sus buenas obras que le proporcionaban grandes satisfacciones.

El rico y el cura conservaron siempre  aquella amistad nacida en el colegio. 

Cuando cumplieron 75 años los dos seguían en activos y con muy buena salud. Entonces, para celebrar los tres cuartos de siglo de su existencia el rico invitó al cura a una gran fiesta en su lujosa mansión. La comida transcurrió con gran alegría para todos recordando el cura y el rico sus tiempos del colegio. A los postres ambos bromeaban, y rico decía al cura: ¡Anda, que como cuando mueras no haya nada, vaya chasco que te vas a llevar! No, respondía el cura. Si al final no hay nada, si todo acaba con la muerte, después de muerto ya no puedo llevarme chasco alguno. Pero anda, que como al final esté  Dios,  tu si que te vas a llevar chasco. Bueno, dijo el rico intuyendo el sermón que se le venía encima.  Como  ni tu me vas a convencer a mi, ni yo a ti, sigamos cada uno con nuestra verdad. 

Sabiendo el rico que el cura nunca había montado en avión lo invitó a dar un paseo en el suyo propio. El cura acepto de buen grado, y ambos subieron al avión. Viendo el rico que su amigo estaba disfrutando del viaje decidió elevarse por encima de las nubes para que éste pudiera disfrutar del bello paisaje que se observa cuando nos elevamos por encima de las nubes. 
Cuando estaban en lo mas alto, sin saber por qué, fallaron los motores, y el avión cayó en picado estrellándose contra las casas de la ciudad. El rico y el cura perecieron en el acto.  Ninguno de ellos ha vuelto para contarnos cual de los dos se llevó el chasco al cruzar la frontera de la muerte, pero de una cosa estamos seguros: Uno de los dos no estaba en la verdad. No  hay tu verdad y la mía. La verdad solo puede ser que  existe Dios o que no existe. Las dos cosas no pueden ser. Y yo me pregunto: Si el rico se encontró con Dios al morir -y nadie puede asegurar que eso  no ocurriera-  qué le diría a Dios ¿que la culpa era  de sus padres que no quisieron enseñarle religión? ¿Le valdría alguna disculpa?

                       
 21                          PROSPERIDAD  Y FELICIDAD  
 
 La receta para conseguir la  felicidad, cosa a la que todos aspiramos,  podría ser ésta: Antepón el amor a la venganza, la moral a la economía y el deber  al placer. Este puede ser el camino de la felicidad, pero ¿cuál es el camino para la Prosperidad, cosa a la que también aspiramos todos? El camino de la prosperidad verdadera no puede ser otro distinto del  que nos lleva a la felicidad. Hay otro tipo de prosperidad que no siempre lleva a la felicidad, la prosperidad económica. Esta por sí sola no da la felicidad. Prosperidad económica sin felicidad no es verdadera prosperidad;  esta es la que engaña a muchos gobernantes y a muchos pueblos que ponen  en las riquezas la verdadera prosperidad.  Los  pueblos y las personas que  anteponen  la economía y la ambición a la moral van camino de ruina,  porque sin moral  aflora la corrupción, y la experiencia nos dice que la corrupción arruina los imperios, las familias y las propias vidas de los individuos que la cobijan.
 Busca la Santidad y encontrarás la felicidad. ¿Lo dudas? Haz la prueba y comprobarás que es verdad


 22               CONSEJO PARA DAR PREFERENCIA A TRABAJOS.


 A la hora de elegir entre realizar  un trabajo u otro debemos elegir hacer  aquel que tenga más valor. Decía Unamuno que para conocer este valor deberemos preguntarnos por su valor dentro de cien años. Cuanto más tiempo dure el trabajo más tiempo podrá conservar su valor. Si cuando hayamos desaparecido nosotros eso que estamos haciendo ahora sigue teniendo algún valor, entonces merecerá la pena hacerlo, pero si el valor de lo que hacemos desaparece con nosotros entonces su valor es efímero.
           Eduardo Marquina nos da otra pista cuando dice:
                  Oro poder y riquezas, muriendo has de abandonar.
                   Al cielo solo te llevas lo que des a los demás. 
 Lo que  trascienda contigo a la eternidad eso será lo tenga mas valor para ti,  porque es lo que mas tiempo te va a acompañar.   

 
 23                              AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

 Este es el principal mandamiento para un cristiano.¿Cómo lo cumplimos?
En un pueblecito pequeño había una vez un pobre a quien todo el mundo le daba algo para aliviarle en su pobreza. Juan,  que no creía en Dios ni en el diablo, y que era una buena persona le daba de vez en cuando algún dinero para que no pasara hambre. Pedro, que no era ni de los rojos ni de los amarillo, ni tampoco de los cristianos practicantes, pero que tenía un buen corazón, aunque tampoco se acordaba de Dios para nada, le suministraba ropa para quitarle el frío.  Y otro vecino que era  que casi era tan pobre como él le visitaba casi a diario por aquello que manda Dios de amar a Dios y al prójimo, y compartían frecuentemente lo poco que ambos  tenían. 
Recordemos que Juan y Pedro daban por compasión, y y el vecino pobre por cumplir la voluntad de Dios.
¿Cumplían los tres con el precepto de amar a Dios y al prójimo? Es lo mismo solidaridad, compasión y amor? 

 24                                             LA MISA

 Cuenta que un día estaba una iglesia llena de gente  y el sacerdote revestido para salir a celebrar la misa, cuando dos forajidos entran en la iglesia, pistola en mano, y gritando : Los que estén dispuesto a morir por Dios, que se queden, y lo demás que se vayan.
La gente salió atropelladamente y solo quedaron cuatro en la iglesia. Entonces los forajidos se dirigieron al sacerdote y le dijeron: Ya puede decir la misa, esos son los únicos que la necesitan, a lo que el cura, con una sonrisa en los labios contesta: Perdonen, se han confundido, quienes más la necesitaban eran esos que me han echado de la iglesia.  

 
 25                                       EL AMOR Y LA JUSTICIA

Había una vez dos hombres ricos en una ciudad. Ambos tenían un hijo solo, y el hijo de cada uno de ellos obraba perversamente estafando y engañando a la gente
El primero de los padres era muy justo y teniendo conocimiento de las fechorías de su hijo mandó apresarle  y lo castigó severamente encerrándolo en la cárcel. El segundo era más indulgente. Al conocer la vida depravada de su hijo lo reprendió una  y otra vez, a la par que indemnizaba a las personas que había perjudicado su hijo, hasta que al final se arrepintió      
¿Quién obró mejor?
Con frecuencia pedimos a Dios que descargue su ira contra quienes se portan mal,  sobre todo si su mal comportamiento nos afecta negativamente a nosotros, pero Dios a lo mejor obra como el padre indulgente.

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